Enma Ai.
閻魔 あい
Sexo :Femenino.
Edad :613(ya que murió a los trece)
Tiene el aspecto de una niña de unos 13 años muy hermosa. Lleva el pelo negro largo y con flequillo, y tiene los ojos de color rojo. Normalmente viste un seifuku negro o uniforme de colegiala, pero cuando llega la hora de ejecutar una venganza, siempre lleva puesto un kimono de flores.
Ai vive en un extraño lugar con una perpetua puesta de sol, en una casa tradicional japonesa junto a su abuela, a la que nunca llegamos a ver.
Ai se nos presenta al principio como una joven taciturna, que no hace alarde de ningún sentimiento propio. Se limita a cumplir con su trabajo sin emoción, a pesar de que este consista en condenar a las almas de aquellos a los que va dirigida la venganza a una eternidad en el infierno. Cuando no está trabajando, la podemos ver bañarse y jugar en la tierra crepuscular donde vive con su abuela. Aun así, siempre muestra una expresión de profunda apatía, lo que nos demuestra que en el fondo no es feliz con lo que hace.
Cuando Ai era pequeña vivía en una aldea en Japón. Sentaro Shibata era su primo y amigo de la infancia. Sentaro era muy protector con Ai, una niña considerada un monstruo en el pueblo por sus poderes sobrenaturales, y maltratada y temida por ello.
Existía una costumbre en aquella región, sacrificar una niña de siete años al dios de la montaña cada siete años, para lograr su protección. Cuando el momento llega, Ai es la elegida. Sentaro se enfurece y acusa a los aldeanos de escoger a Ai a propósito por sus peculiaridades. Entonces los padres de Ai deciden esconderla y le piden a Sentaro que se ocupe de llevarle comida y ayudarla, ya que él es el único que puede hacerlo.
Esta situación se mantiene durante 6 años en los que una fuerte hambruna sacude al pueblo. Sentaro se siente culpable, creyendo en cierto modo en la superstición del pueblo sobre el dios de la montaña, ya que él sabe que Ai no fue sacrificada, pero aun así no traiciona a Ai, por la que parece sentir fuertes sentimientos.
Un día, mientras Sentaro acompaña a Ai a darse un baño, los aldeanos los descubren. Al abandonar todas las noches la aldea en secreto, ha levantado las sospechas del pueblo. Ai y sus padres son atados y golpeados, y arrojados a una fosa. Sentaro es obligado a tirar la primera paletada de tierra para enterrarlos vivos. Ai está consciente mientras Sentaro arroja la tierra y se siente terriblemente traicionada, ya que él había jurado que la protegería. Jura vengarse de todos ellos, y Sentaro huye.
Una noche que Sentaro sale del pueblo, encuentra a su regreso el pueblo entero en llamas. En el medio, Ai le va prendiendo fuego a las casas, cantando. Loco de culpa, Sentaro escapa del pueblo.
Como castigo por su terrible venganza, Ai es condenada a trabajar como Jigoku Shōjo, llevando la venganza a los demás, pero suprimiendo siempre sus propios sentimientos... o aquellos a los que amó vagarán por el infierno durante toda la eternidad.
Enma Ai vive en la “Aldea del Atardecer”, una dimensión con la forma de un valle rodeado de montañas y cubierto con flores rojas, en cuyo centro hay un lago y una casa rústica. Allí está su abuela (a la que siempre vemos en sombra) y un ordenador por el que llegan las peticiones. Ai no trabaja sola ya que cuenta con la ayuda de sus asistentes. Éstos son los muñecos utilizados para las venganzas, pero cuando se mantienen neutros asumen la forma de Ichimoku Ren, un atractivo joven de ropas informales; Honne-ona, una bella mujer que viste un kimono, y Wanyuudou, un anciano vestido con un sombrero y una bufanda roja. Cuando un pacto se sella oficialmente, ellos se encargan de castigar a la persona encerrándola en una ilusión sin salida antes de que Enma Ai (con las ropas de Jigoku Shoujo) lo envíe al infierno.
En el episodio 8 de la serie, se introducen dos personajes recurrentes más: Un periodista llamado Shibata Hajime, que está investigando las historias relacionadas con Jigoku Shōjo, y su hija Tsugumi. Después de un encuentro con Enma Ai, en un tramo de la línea férrea, Tsugumi empieza a tener visiones de lo que Ai ve, y así esos dos personajes se encuentran cada vez más relacionados con sus actividades. La verdad es que Hajime no está de acuerdo con los métodos de Ai y cree que las personas deberían resolver sus problemas con otros medios en lugar de la venganza. Con la ayuda de Tsugumi, tratará de detener a aquellos que contratan los servicios de Jigoku Shōjo antes de que consumen su venganza. Según avanza la historia Tsugumi se cuestiona si los métodos de Ai son tan erróneos como su padre cree. Las razones por las que sus pensamientos están conectados es algo que al principio desconocen, pero que nos son reveladas en los últimos episodios:
Tsugumi y Hajime son descendientes de un hombre llamado Sentaro Shibata, primo y amigo de la infancia de Ai. Sentaro era muy protector con Ai, una niña considerada un monstruo en el pueblo por sus poderes sobrenaturales, y maltratada y temida por ello. Existía una costumbre en aquella región, sacrificar una niña de siete años al dios de la montaña, para lograr su protección. Cuando el momento llega, Ai es la elegida. Sentaro se enfurece y acusa a los aldeanos de escoger a Ai a propósito por sus peculiaridades. Entonces los padres de Ai deciden esconderla y le piden a Sentaro que se ocupe de llevarle comida y ayudarla, ya que él es el único que puede hacerlo. Esta situación se mantiene durante 6 años en los que una fuerte hambruna sacude al pueblo. Sentaro se siente culpable, creyendo en cierto modo en la superstición del pueblo sobre el dios de la montaña, ya que él sabe que Ai no fue sacrificada, pero aun así no traiciona a Ai, por la que parece sentir fuertes sentimientos.
Un día, mientras Sentaro acompaña a Ai a darse un baño, los aldeanos los descubren. Tanto ella como sus padres son atados y golpeados, y Sentaro es obligado echar la primera pala de tierra para enterrarlos vivos bajo coacción. Ai está consciente mientras Sentaro arroja la tierra y se siente terriblemente traicionada, ya que él había jurado que la protegería. Jura vengarse de todos ellos, y Sentaro huye.
Una noche mientras Sentaro estaba durmiendo con su padre, se despierta al sentir la presencia de Ai, sale del pueblo en busca de ella. En el camino a donde estaba enterrada Ai y su familia, él ve con sus propios ojos como Ai le va prendiendo fuego a las casas cercanas al lugar del entierro cantando la canción que solía cantar con Sentaro, aterrado en esta escena de destrucción. Loco de culpa, Sentaro escapa del pueblo. Cuando años después regresa, lamentando lo que hizo, hace levantar un templo llamado "El templo de las siete Niñas". Abrió un negocio de dulces, cuyo caramelo negro sigue siendo ofrecido como ofrenda en el templo aun en la actualidad.
Como castigo por su terrible venganza, Ai es condenada a trabajar como Jigoku Shōjo, llevando la venganza a los demás, pero suprimiendo siempre sus propios sentimientos, o aquellos a los que amó vagarán por el infierno toda la eternidad.
Cuando descubre la relación de Hajime con Sentaro, Ai enfurece y trata de matarlos a los dos, pero falla. Por haber cedido a su propia venganza, Ai está apunto de ser arrojada al infierno por la araña (que fue quien la transformó en Jigoku Shōjo tiempo atrás), pero logra escapar a su castigo. Ai decide entonces acabar con Tsugumi y Hajime a través de Tsugumi: le muestra como murió su madre, tras un accidente de tráfico después de que Hajime se negara a perdonarla por una infidelidad, y la negación de responsabilidad de su padre en la escena de la muerte. Tsugumi comienza a tener dudas. Afortunadamente, Hajime consigue regresar del mundo de Ai, en el que estaba preso, gracias a la ayuda de la abuela de Ai. A cambio, esta le pide a Hajime un favor que no llega a ser revelado en la serie.
Ai trata de hacer que Tsugumi tire de la cuerda roja situando a su padre en la misma escena en que en el pasado negó su culpa en la muerte de su mujer. Esta vez admite sus faltas y le dice a su hija que tire de la cuerda, ya que se merece ir al infierno. Esto enfurece a Tsugumi, que le pregunta si no disfruta de sus momentos juntos. Le confiesa que si pudo seguir adelante tras la muerte de su madre es porque él estaba ahí para ella. Ambos se abrazan y Tsugumi le devuelve el muñeco a Enma Ai.
Tsugumi le explica lo arrepentido que estaba Sentaro, y que por eso construyó el templo como muestra de culpa. Pero tras oír esto, Ai incinera el templo (no se especifica si lo hace como símbolo de la culpa de Sentaro, en cuyo caso significaría que deja marchar su resentimiento; o si por el contrario al quemar el templo Ai rechaza perdonar a Sentaro de ninguna manera). La temporada termina con Tsugumi y Hajime volviendo a su vida normal, y Jigoku Shōjo a su trabajo como vengadora.